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9.5.11

Pereza mental y espíritu gregario

De acuerdo con Fernando Escalante:

Para poder hablar de cualquier tema sin necesidad de estudiar ninguno no tienen más que extender la metáfora del libre mercado. El resultado es fantástico, porque resulta que podemos pensar en la religión como un mercado y podemos pensar la familia como un mercado, y la educación y la ciencia, y todo se entiende de maravilla. Como antes con la lucha de clases. Y la misma receta sirve para todo. Antes era la revolución, hoy es el libre mercado. Incluso después del 2008, y sabiendo lo que sabemos. Igual que hace cuarenta años, no es más que pereza mental.

Fuente: La Razón

18.1.11

Violencia, Operativos, Pequeña Disminución y Disparo Exponencial

Con nueva información disponible de INEGI Fernando Escalante complementa su análisis estadístico sobre el homicidio en México para los años 2008 y 2009. De acuerdo con el autor:


Hace algo más de un año publiqué aquí mismo un análisis estadístico del homicidio en México entre 1990 y 2007 (Homicidios 1990-2007). La historia que contaban aquellos números era un poco desconcertante de entrada, porque nos habíamos hecho a la idea de que la violencia venía aumentando en el país desde hacía tiempo, que era incluso mayor a la que había padecido Colombia a fines de los años ochenta. Y no era así. No había datos que justificasen la sensación de inseguridad de la segunda mitad de los noventa y, extrañamente, nadie los había buscado. Por eso los números resultaban desconcertantes. Entre 1990 y 2007 la tasa nacional de homicidios había disminuido sistemáticamente, año tras año; alcanzó un máximo de 19 homicidios por cada 100 mil habitantes en 1992, y a partir de entonces comenzó a bajar hasta llegar a un mínimo de ocho homicidios por cada 100 mil habitantes en 2007.

Por supuesto, esa evolución lenta y sistemática de la tasa nacional ocultaba historias muy contrastantes de diferentes regiones del país. La disminución era particularmente pronunciada en los municipios de menos de 10 mil habitantes en el centro y sur del país, en Oaxaca, Morelos, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Campeche, también Guerrero y Michoacán. No pasaba lo mismo en las grandes ciudades, en los municipios que habían recibido importantes flujos migratorios, en las ciudades de frontera. En particular, había tasas altas e inestables en todas las ciudades de más de 50 mil habitantes con paso de frontera en el norte del país, y había tasas mucho más altas que las del resto del territorio en la cuenca occidental del río Balsas, entre Guerrero y Michoacán, y en la parte más alta de la Sierra Madre Occidental, en los límites de Sinaloa, Chihuahua y Durango.

Me encuentro ahora con nuevos números, los que corresponden a 2008 y 2009, de la misma fuente, las actas de defunción capturadas por el INEGI. Y me siento obligado a completar aquel panorama con este otro, aunque el análisis sea todavía tentativo y en algunos extremos difícil de argumentar.

Aquella historia, la de las dos décadas mal contadas del cambio de siglo, podía explicarse en buena medida a partir de factores estructurales: el ritmo de crecimiento de la población, la estructura productiva, el sistema de comunicaciones, la configuración del tráfico fronterizo. No sucede lo mismo con estos dos últimos años: el movimiento es demasiado brusco y muy general, y por eso parece pedir una explicación coyuntural.


Fuente: NEXOS.com.mx
Escalante, Fernando (2011). “Homicidios 2009-2010. La muerte tiene permiso”.

23.3.10

Entelequia

En "Ciudadanos demasiado reales", pieza publicada en Nexos, Escalante señala al ciudadano como "[...] elaboración imaginaria con atributos quiméricos":

"[...] Acaso ganaríamos algo, para empezar, si dejásemos de pensar que lo que no nos gusta es un lastre del pasado: los caciques del XIX no eran un residuo de la época virreinal, los caciques y clientelas del XX no fueron restos del XIX ni los de hoy son tan sólo astillas del régimen priista; la designación —imprecisa, emotiva— tiende a hacer borrosas las diferencias, tiende a igualar a Juan Álvarez, Gordiano Guzmán, Saturnino Cedillo y Napoleón Gómez Urrutia, que no son ni remotamente parecidos. Los caciques y sus clientelas son absolutamente modernos: por eso son eficaces. Son las más de las veces producto del proceso mismo de "modernización". Y cambian conforme cambian las leyes, la estructura productiva, el orden político. La capacidad de movilización, los recursos de poder e influencia de René Bejarano o Elba Esther Gordillo no tienen nada que ver con los del general Tornel o Manuel Lozada, o los de Luis N. Morones. Por eso no es posible erradicarlos, ni deshacerse de ellos como de un peso muerto."